Llegó el otoño. Alemania se vuelve gris, como vivir dentro de una película en blanco y negro. Salgo de casa de noche, regreso de noche. Cada mañana murmuro “Winter is coming”, creyéndome Jon Snow, pero sin espada ni dragones.

Y no, no son días lindos. Son días que se toleran con música alegre, un podcast de teorías conspirativas y un audiolibro escandaloso que me mantiene despierto. Aun así, siempre hay una semana que se ensaña conmigo, cuando se acaba la leche, no hay café, mi perro no ladra, mi gato no maúlla y solo falta que un unicornio rosado venga y me mee encima.
Entonces recuerdo, “es jueves, tengo clases de alemán por la noche”.
No me ilusiona conjugar verbos modales en pretérito. Ni el Konjunktiv II, esa tortura que ni los propios alemanes usan, salvo cuando quieren parecer filósofos de bar. Pero voy igual. No por la gramática, sino por ellos, mi grupo de extranjeros anónimos y nuestra terapia colectiva disfrazada de clase de alemán.

Está el que jura hablar perfecto y nadie le entiende. La que busca novio alemán sin mucho éxito. El que fue maestro y ahora entrena cuerpos en lugar de mentes. Todos peleamos contra algo, la soledad, la nostalgia, el invierno que empieza poco a poco por dentro y por fuera.
Nos reímos de nuestras tragedias, celebramos nuestras victorias, mezclamos idiomas. Inventamos uno nuevo, el de los que aún no se rinden y responden con humor y estoicismo.
Por eso muchos repiten el curso. No por torpes, sino porque, al final, somos humanos. Aprender alemán, con perdón de nuestra maestra, pasa a un segundo plano. Lo que de verdad aprendemos es a no estar solos, a sobrellevarnos, a pisar tierra en el país que nos abrió sus puertas.
Y por eso, los jueves, vuelvo a creer en la suerte. Porque ya estoy de buen humor y porque, finalmente, mañana es viernes.


Me encantó leerte, te entiendo completamente, nunca he entendido porque el sol nos abandona por tanto tiempo, no logro acostumbrarme al cielo gris. Por eso me concentro en el suelo, me encanta ver las hojas de otoño coloridas, ver los árboles rojizos anaranjados o amarillos, cuento los días para que lleguen los mercados de Navidad y decoro mi casa exageradamente pronto para darle luz y color a mis días. ¡La comunidad que tienes en el curso de alemán es oro! ¡Ánimo! ¡El invierno es duro pero al terminar nos espera carnaval!
Hola Bernardita,
muchas gracias por tu comentario. Creo que no eres la única que intenta alegrar los días grises que se vienen, unas velitas nunca están de más 😊
Y sí, la comunidad del curso de alemán es un gran apoyo. Espero que tú también la estés pasando bien
Un saludo desde Rosenheim,
Hola Alejandro,
Me gustó mucho tu blog y la forma en que escribís.
También me sentí identificado, ya que soy argentino y vivo en Ingelheim (al lado de Mainz) desde hace dos años. Trabajo en sistemas y, gran parte del resto del tiempo, hago y estudio periodismo.
No me presiona tanto el idioma porque trabajo en español, pero avanzo. Y a medida que lo hago, voy sintiendo cosas que antes creía imposibles frente al alemán. ¡Nos vamos aquerenciando!
Abrazo grande,
Adrián
Hola Adrián,
gracias por pasarte por mi blog. Espero que la estés pasando bien en Ingelheim. Qué coincidencia, yo también estudié sistemas.
Sobre el alemán, si puedes aprenderlo con calma y sin la presión del tiempo, es mucho mejor, hasta se puede disfrutar.
Te deseo todo lo mejor en esta etapa, y que con el tiempo te sientas como en casa. Aunque, siendo honestos, uno siempre extraña su terruño. Al final, cuando regresás, ya no te sientes completamente en casa tampoco.
Ya me contarás si te pasa lo mismo.
Un abrazo a la distancia,