El año nuevo ya pasó y, sorpresa, WhatsApp explotó con mensajes de familia y de amigos con los que no hablaba desde hace mucho. Ahí me di cuenta de tres cosas: algunos siguen ahí, otros ya ni el visto dejan y están también los que cerraron la puerta con doble seguro. Ni modo, vivir lejos es como Netflix; cada uno sigue su serie y, si acaso, te enteras de su vida por spoilers. Yo le echo la culpa al tiempo, que hace lo que quiere y ni avisa.

De niño pensaba que los amigos eran para siempre, como el colesterol. Luego crecí, me mudé más veces que de ropa y entendí lo evidente: los amigos no son eternos, pero sí llegan cuando más los necesitas. Como a los nueve años, cuando cambié de ciudad otra vez y prometí no perder contacto. Spoiler: fallé. No siempre cambiamos nosotros, a veces el contexto te empuja y reinicia el juego que llamamos vida.
A los diez años, Omar fue el hermano que elegí porque sí. Éramos tan distintos que funcionaba. Me enseñó a ser fresco y a atreverme a todo, incluso a jugar Nintendo a las cinco de la mañana antes de que su madre anunciara el apocalipsis doméstico. De ahí aprendí que el mundo es de los que se atreven, y esa idea me sigue persiguiendo en Alemania.

Después llegó el Pollo, en la universidad. Yo era más rígido que horario de tren alemán y él trajo competencia y hambre de superación. Mientras otros pensaban en fiestas y chicas, nosotros sobrevivíamos a proyectos finales y nos reíamos de paso. Programamos tanto que nos ofrecieron aprobar el examen final sin ir, aceptamos y nos fuimos a jugar billar. Responsabilidad sí, pero con estilo.
En Alemania apareció Alfonso, justo cuando tocaba redefinir metas y fingir que hablaba alemán. Me ayudó a conseguir trabajo en una cantera. Terminé exhausto, claro, pero me salvó de una temporada bastante desalentadora. Espero que esté bien, yo todavía le debo unas cervezas.

Aitor fue el hermano que la vida me mandó tarde. Yo lo empujé al mundo de la salsa y él me contagió las ganas de aprender francés, después de aquella cita doble con francesas que fue graciosa aunque no terminó como esperábamos. Luego, cuando le conté que tenía que dejar Alemania, lloró. Ahí me di cuenta de que eras un buen amigo, aunque no lloré contigo, debo confesar que lloré a solas. Espero que le haya alegrado saber que regresé. Algún día haremos el Camino de Santiago si el universo no se atraviesa.
Tengo más amigos y amigas, pero si los nombro a todos esto se vuelve novela y pierde el encanto. Ellos saben quiénes son, yo también.
Casi nadie se fue por drama, yo huyo del drama como del lunes sin café. La mayoría se fue por cambios, la distancia emocional pesa más que la geográfica. A veces no hay silencios incómodos, solo silencio. Y sí, debo admitirlo, yo tampoco soy fácil. Dejé de escribirle a medio mundo, no por falta de cariño sino por exceso de pendientes. Muchas veces pensé luego respondo y no lo hice, no porque no importaran, sino porque también necesito espacio para hablar conmigo mismo y no perderme en la rutina.

Aun así, cuando volvemos a hablar, la alegría es real. En mi opinión eso define una amistad sólida. Agradezco incluso a quienes ya no están, a quienes cerraron la puerta sin hacer ruido. Los recuerdos buenos no desaparecen con el silencio. Compartir miedos, ideas y anhelos bastaba para no sentirse solo y seguir adelante, lejos de casa y de la familia.
Hoy soy menos impulsivo y un poco más consciente. Si pudiera volver atrás, me abrazaría y me daría una bofetada cariñosa, solo por no entenderme bien todavía. Soltar también es cuidar, lo aprendí después de varias mudanzas y derrotas, cuando ser migrante deja de doler y se vuelve costumbre.
No quiero ser el amigo que está siempre, quiero ser el que está cuando importa, con humor y sin dramas, porque la vida ya es bastante seria por sí sola. Y tú, ¿ya saludaste a todos tus amigos?


Me gustó mucho identificada en algunas partes. Lindisimo 🫂👏
Hola,
Muchas gracias por tu amable comentario =), eso me motiva a seguir
saludos agudos.
Muy bueno!!
Hola Germàn, muchas gracias por tu apoyo, en verdad eso me motiva a seguir, un saludo