Un viaje de tres horas en la Jobmesse
Encontrar una pasantía en Alemania para escribir la tesis es casi un deporte extremo. Depende del tema, de la suerte y de si ese día los astros deciden que tu currículum no parezca tan aburrido. Pero todos soñamos con eso, que te paguen por escribir tu tesis y, si el universo conspira, termines con una oferta de trabajo.
Yo lo logré en tres horas. Sí, tres horas. En una Jobmesse que fue una montaña rusa emocional con risas, muchos rechazos y un par de promesas tan creíbles como las de un político en campaña.

Primera hora
Llegué temprano, perfumado y con mis cuatro citas confirmadas. Entrevista tras entrevista, todo iba bien… hasta que me decían ese “te llamamos” con sonrisa de funeral. Salí del recinto pensando si mi cara transmitía “contrátenme” o “huya mientras pueda”.
Pero ya había pasado por tantas entrevistas que esto me parecía una cita romántica sin éxito, tú hablas, ella finge interés y ambos saben que no habrá segunda vez. Así que respiré, di media vuelta y decidí hacer lo que uno hace cuando ya no tiene nada que perder: ir a un speed date corporativo.
Segunda hora
Algunas empresas me miraban con ternura, como quien ve un gato mojado. Otras me sonreían solo para que me fuera rápido. Yo sabía que no me iban a contratar, y ellos sabían que no querían hacerlo. Aun así, todos fingimos educación.

Y ahí estaba yo, repitiendo mi discurso una y otra vez como vendedor de puerta en puerta, mientras recordaba a mi padre diciéndome: “no se puede tener todo en la vida, Junior”. Pues sí, pero todo es tan relativo que mandé mi inseguridad al carajo (perdón, mamá) y seguí atacando stand por stand como los testigos de Jehová.
Tercera hora
Ya sin expectativas, comencé a disfrutarlo. Algunos quedaban encantados con mi historia; otros solo querían saber cómo es “ser extranjero en Alemania”, como si fuera una especie exótica. Tal vez, en algún sentido, sí lo soy. Y claro, también estaban los que me ignoraban con profesionalismo. A todos les dejé mi mejor sonrisa al final.
Hasta que encontré a la empresa “Helados Calientes”. Me hicieron una entrevista exprés, muy seria, muy rápida, muy diferente. Sin saberlo, me acababan de abrir las puertas de una multinacional donde, tiempo después, escribiría mi tesis… y me ofrecerían, por iniciativa propia, mi primer contrato en Alemania.
A veces tres horas bastan para que todo cambie. O para que uno termine con dolor de pies, pero con la sensación de que, aunque las cosas no hubieran salido bien, habría dormido tranquilo sabiendo que lo intentó todo.

Triste agradecimiento
Por esas casualidades absurdas de la vida, la mañana en que me puse a escribir este post a mano, como suelo hacerlo, me enteré del lamentable fallecimiento del Prof. Dr. Tilly, quien fue el profesor a cargo de mi tesis.
Le estaré eternamente agradecido por su paciencia y por las molestias que se tomó en acompañarme a la empresa para definir el tema de investigación. Sus alumnos y exalumnos lo extrañaremos.


Que linda historia. Cada esfuerzo lo vale
Hola Natalia,
Muchas gracias por dejar tu comentario, sí tienes razón, y ahora estoy cosechando los frutos de mis esfuerzos. Espero que estés muy bien en este invierno